leontopodium-alpinum

Este cuento trata sobre cómo se creó una de las flores más curiosas de la tierra, una flor que vive en lo más alto de las montañas, allí donde casi nada y casi nadie ha llegado. Allí donde el ruido y el silencio son naturaleza. FLOR EDELWEISS…
Y como no podía ser de otra manera este cuento empieza más allá del cielo, en el firmamento donde viven las estrellas…
Erase una vez una estrella chiquitina, la más chiquitina de todo el firmamento, a la que le encantaba recorrer todo el cielo de uno al otro lado. Surcaba mares y desiertos, lagos y praderas, seguía el curso de los ríos desde la montaña hasta el mar, detenía sus paseos sobre pequeños pueblos y sobre las grandes ciudades, iba de Norte a Sur, de Este a Oeste disfrutando de todo cuanto veía a su paso.
Le encantaba viajar y ver muchos sitios, y cada día le gustaba soñar con ser de mayor un cometa, sí de los de larga cola.
Una noche de luna llena y cielo raso nuestra pequeña estrella se encontró en su camino con unas altas montañas.
Era todo un señor macizo rocoso.
La mayoría de las montañas estaban nevadas y la luz de la luna se reflejaba en la nieve convirtiendo la noche casi en día.
La claridad era la justa para que se pudiese ver la tierra en su esplendor y el cielo en su inmensidad. Las siluetas recortadas de las rocas, las sombras de los arbustos que cimbreaban con la brisa o el viento, y en el cielo un millar de estrellas, y entre todas ellas, pasando inadvertida nuestra pequeña estrellita.
La pequeña estrella quedó fascinada, galácticamente sorprendida. Nunca había visto unas montañas tan, tan bonitas. Y hasta tal punto le gustó la estampa, la postal aérea que se le ofrecía en aquella noche mágica que se quedó tooooda la noche sobre las montañas.
Y así pasó la noche, y también el día, que aunque el Astro rey inundó con su fuerza y su luz aquel paraje, ello no restó belleza alguna a aquellas hermosas montañas.
Claro que, a nuestra estrella le gustaba más la visión nocturna, la que le había dejado literalmente clavada en el cielo y había interrumpido su peregrinar por esos cielos.
A la noche siguiente la pequeña estrella seguía inmóvil en el techo celestial. Como decimos en la Tierra, ni pestañeaba para no perderse un detalle. Solo pequeños destellos de asombro la hacían visible en la noche.
Tan a gusto se sentía la estrella sobre esas blancas montañas que se le pasaron las noches sin darse cuenta, absorta en la contemplación de cada detalle, de cada rincón, de cada recoveco de las que, para nuestra pequeña estrella consideraba ya “sus montañas”.
De manera especial nuestra estrella se quedó prendada con la cima más alta, la que acababa en un pico muy puntiagudo cubierto todo de nieve menos la punta que asomaba sobre el gran manto blanco.
Esa era la Gran Montaña, la que más le gustaba a nuestra estrella.

FLOR_Y_MONTAA
Para hacernos una idea de las noches que pasó nuestra pequeña estrella ensimismada sobre las montañas diremos que la Luna recortó su figura y la volvió a recuperar como unas tres veces.
Así sucedió que una noche, una de esas noches en las que a la Luna apenas casi se le ve porque ha recortado tanto su figura que más que Luna se le podría llamar Cuna en honor a la forma de su nueva inicial.
Bueno el caso es que en esa noche, la estrella se quedó profuuuuundamente dormida.
Sus destellos se pararon, apenas se la veía de continuo, parecía como si por segundos desapareciese la pequeña estrella del firmamento y … sin previo aviso, sin que nada en el cielo presagiase lo que iba a ocurrir, de repente nuestra pequeña estrella empezó a caer del cielo a toooooda velocidad.
Para cuando la estrella quiso darse cuenta y despertarse, ya era muy tarde, iba muy deprisa en dirección a las montañas.
En su caída vertiginosa sintió una sensación muy extraña, era como si a medida que caía se fuese haciendo más y más grande.
Miró hacia atrás y pudo ver con gran sorpresa su estela de cometa, tal y como la había soñado.
La situación era confusa, pero, dentro de los acontecimientos que se precipitaban, en su caso especialmente hacia las montañas, sentía un orgullo especial porque había visto cumplido su sueño de ser un cometa. Aunque todo apuntaba a que su nueva condición estelar poco le iba a durar.
Su caída nadie la podía detener ya. Cerró sus ojos y esperó el impacto contra la montaña más alta, la que más le había gustado ver todas esas noches.
Fueron solo unos segundos aunque para la estrella parecieron horas…
¡¡¡PUMMMM!!!!!!
La pequeña estrella convertida en cometa se estrelló, y nunca mejor aplicada esta palabra, contra la Gran montaña, y estalló en millones y millones de pedacitos que se dispersaron por todas las montañas de alrededor en diminutos granos de polvo de estrella.
Tras el estruendo del impacto un profundo silencio se adueño de la noche, de aquella noche tan especial.
A la mañana siguiente, como cada día, el orgulloso Sol se fue asomando hasta colocarse en lo más alto del cielo. Ajeno a lo acontecido aquella noche en aquel lugar.
Mientras tanto, entre la nieve y las rocas y los arbustos de aquellas montañas se produjo un pequeño milagro.
Allí donde nunca había crecido nunca ninguna flor empezaron a salir unas preciosas flores blancas, con pétalos como de terciopelo y en su centro una especie de corona, de cetro color estrella.
Una flor no muy grande, más bien pequeña.
En poco tiempo La Gran Montaña y sus hermanas de alrededor se llenaron en sus cumbres de estas pequeñas flores.
Aquellas flores no eran sino el fruto de la pequeña estrella que al estallar contra la Gran Montaña se convirtieron en polvo de estrella, y este en la semilla de una nueva flor, la Flor de las Montañas, que se conoce hoy con el nombre de EDELWEISS.

PAISAJE_EDELWEISS
Esta flor es muy apreciada por los buenos montañeros y forma parte incluso del emblema o el escudo de muchos grupos de montañeros y scouts…. Es todo un símbolo de la supervivencia en las montañas, en las altas montañas.
Nuestra pequeña estrella no solo vio cumplido su sueño de ser cometa sino que también se le concedió el don de sobrevivir en la Tierra convirtiéndose en una de las flores más singulares del Planeta.
Algunos piensan que todas las flores que hay en los campos, en las montañas en los bosques, en las praderas, en las selvas, o incluso en los oasis de los desiertos vienen de distintas estrellas caídas del cielo. Estrellas que, como la nuestra, tuvo su noche especial, y tras recorrer el mundo le llegó la hora de ser estrella fugaz y transformar sus destellos en pétalos.
También se dice que cada una se ha transformado en la flor más bonita para el lugar que a la estrella siempre más le gustó. Por eso cada vez que vemos un campo de flores estamos viendo también un trocito de cielo.
Por eso también, cada vez que a alguien le regalamos flores…
Le estamos regalando un trocito de cielo.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Ahora a dormir y a soñar con las estrellas, las flores y las montañas.
Buenas noches mis luceros…
(Para mis hijos Elena, Pablo y Lucía. En Vitoria-Gasteiz junio de 2007).
EL GRUP DEU ESTAREM “SEMPRE JUNTS”…
GRUP EDELWEISS-X…

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